De María a La vorágine: dos imágenes de la naturaleza
María (1867), de Jorge Isaacs, es la gran novela del romanticismo hispanoamericano. Narra el amor entre Efraín y María en una hacienda del Valle del Cauca. El paisaje acompaña y anuncia los sentimientos: los jardines, el río y las montañas reflejan la dicha, y un ave negra presagia la desgracia.
En María la naturaleza es idílica: un paraíso ordenado, visto con nostalgia desde la pérdida. Ese paraíso, sin embargo, descansa sobre la hacienda esclavista, que la novela muestra sin cuestionar del todo.
Medio siglo después, La vorágine (1924), de José Eustasio Rivera, ofrece la imagen opuesta. Arturo Cova huye hacia los Llanos y la selva amazónica, donde encuentra la explotación de los caucheros. Aquí la naturaleza es devoradora: una fuerza que enloquece y destruye. La novela es, además, una denuncia social. Entre ambas obras cabe la transformación de la mirada del país sobre su propio territorio.
